martes, 11 de diciembre de 2012

EL EURO SANITARIO ALEMÁN

Artículo publicado en El País, 11 de diciembre de 2012


A diferencia de España, el copago sanitario alemán depende realmente de la renta y tiene un saludable tramo evitable. Un copago de 10 euros por la primera visita trimestral fue introducido en 2004 habiendo demostrado ya hace tiempo que no era útil para reducir el número de visitas, entre otras cosas porque ya se habían reducido previamente un 15% en 1997 al hacer pagar el 10% del precio de los medicamentos. Los alemanes también pagan 10 euros por las urgencias y por día de hospitalización, todo esto además de pagar la diferencia si el precio del medicamento supera un cierto nivel de referencia. 
Un punto interesante del sistema alemán es que, además de eximir a pobres y menores de 18 años, cualquier copago que un paciente soporta se acumula y tiene un límite del 2% de su renta (o del 1% si tiene enfermedades crónicas). Esta combinación podría incluso dar un resultado inesperado a causa de la supresión, con tintes electoralistas, del copago de las visitas. El copago modera el uso sanitario de los que esperan gastar poco sin alcanzar el límite máximo pero no de los demás, ya que al superar el límite consiguen la gratuidad. Al bajar el importe unitario del copago suprimiendo el copago por visita, hay más personas que pueden esperar no superar ese límite y llegar a la gratuidad. De ahí que, aunque se levanta la barrera poco deseable de acceso libre al especialista, incluso es posible que el cambio incentive a más personas a moderar su uso sanitario.
El copago español limita la gratuidad a los más pobres, pero ni depende realmente de la renta ni tiene ningún tramo evitable. Trata mal a los activos con poca renta: les hace pagar un elevado porcentaje del precio sin límite alguno. Un 5% de activos acumula el 50% de todo el copago, por lo que si están muy enfermos pueden llegar a pagar una cifra elevada que dificulta el acceso a las personas con pocos recursos. La posible ampliación del copago a algunos medicamentos hospitalarios o, en el futuro, a otros servicios pondrá aún más de relieve este despropósito. Lo que debería depender de la renta es el importe total pagado por el paciente, y no el porcentaje del precio pagado por un activo entre el 40% y el 60%.
A los pensionistas de muchas comunidades se les hace pagar aun cuando han superado el límite mensual de 8 a 18 euros prometiendo costosas y bochornosas devoluciones. El gasto acumulado puede ser muy elevado para los más enfermos que pagan por encima del límite, de forma que se puede estar reduciendo la adherencia a tratamientos necesarios y efectivos.
Antes de continuar arrojando dardos electoralistas contra el euro por receta de Madrid y Cataluña, de bajo importe y con máximo anual, convendría reconocer que el elevado copago estatal debiera establecer límites máximos para todos, además de abrir espacio a copagos evitables garantizando siempre el acceso al tratamiento efectivo con mejor relación entre el coste y la efectividad.


martes, 4 de diciembre de 2012

LECTURAS SOBRE ECONOMIA DE LA BIOFARMA

El pasado 26 de noviembre se presentó en Madrid este nuevo libro de "Lecturas sobre economía del sector biofarmacéutico" dentro de la colección Gestión Clínica y Sanitaria.

LECTURAS SOBRE ECONOMÍA DEL SECTOR BIOFARMACÉUTICO

PRESENTACIÓN

ÍNDICE

AUTORES

TEXTO DE LA PRESENTACIÓN

El libro está en breve a la venta en la librería: www.axon.es
LECTURAS SOBRE ECONOMÍA DEL SECTOR BIOFARMACÉUTICO

Otros libros del mismo autor


lunes, 26 de noviembre de 2012

LA SOMBRA DEL COPAGO ES ALARGADA

Texto publicado en Diario Médico, 26/11/2012

En el asunto de la aportación del usuario a la sanidad pública no hay mejor recomendación que la prudencia en los cambios y evaluar con objetividad e independencia el impacto de las medidas adoptadas estos últimos meses de forma precipitada y sin el necesario debate científico y público.  Voluntad de evaluar implica, como en otros países europeos, voluntad de estar dispuesto a hacer cambios o ajustes en la política cuando los efectos no son los deseados o los efectos indeseados son excesivos. El escenario de los notables cambios recientes en la aportación del usuario a los medicamentos, una vez adoptados, quizás ganaría en valor si fueran vistos un poco más a la luz de la evidencia en tiempos de dificultades de las finanzas públicas y un poco menos como arma arrojadiza entre oposición y gobierno o entre Estado y Comunidades.
En pocos meses de este año hemos pasado de dispensar de forma gratuita alrededor de siete de cada diez recetas en las farmacias a un triple copago. Primero fue la tasa de un euro por receta – con un límite máximo anual de 61 euros- aprobado por el Parlament de Catalunya para mediados de 2012 y después propuesto también para la Comunidad de Madrid a partir de enero de 2013. Después, irrumpió de forma brusca un pretendido copago según renta a través la reforma de la aportación estatal del usuario que redujo la gratuidad a un grupo muy selectivo de personas haciendo pagar el 10% del precio a los pensionistas y entre el 40 y el 60% a las personas activas, Y, finalmente, de momento, la exclusión de más de 400 medicamentos de la financiación pública, lo que es equiparable a la imposición de un copago del cien por cien en caso de necesidad. Todo esto se ha perpetrado en la sombra y con unas memorias justificativas de las normas que podrían hacer sonrojar a más de uno.
El debate político alrededor de este triple copago resulta todavía poco esclarecedor. Tomo como ejemplo tres posiciones, dos desfavorables y una favorable, a fin de mostrar la necesidad de una discusión algo más objetiva sobre el fantasma del copago. La primera: si en Alemania la canciller Merkel ha decidido suprimir el copago el próximo uno de enero, nuestra sanidad pública debería hacer lo mismo.  Segundo: hay que frenar estos repagos que no garantizan la igualdad de los españoles. Y, tercero, las nuevas medidas de farmacia han generado un ahorro muy elevado.
Primero, lo que Alemania suprime a partir de enero 2013 es el copago de 10 euros por la primera visita trimestral al médico o al especialista cuando el paciente no ha sido remitido por el médico de primaria. Esta medida fue introducida en 2004 habiendo demostrado ya hace tiempo que no era útil para reducir el número de visitas, entre otras cosas porque ya se habían reducido previamente un 15% en 1997 con un copago del 10% del precio de los medicamentos, pero con un mínimo de 5 y un máximo de 10 euros por receta. Además, los alemanes pagan 10 euros por las urgencias y por día de hospitalización, todo esto además de pagar la diferencia si el precio del medicamento supera un cierto nivel de referencia. Así pues, nada que ver, con suprimir el copago sanitario.
Pero lo interesante del sistema alemán es que, además de eximir a pobres y menores de 18 años, cualquier copago que un paciente soporta se acumula y tiene un límite del 2% de su renta (o del 1% si tiene enfermedades crónicas) y este umbral máximo no ha variado ahora. Esta combinación podría incluso dar un resultado inesperado a causa de la supresión del copago de las visitas. El copago modera el uso sanitario de los que esperan gastar poco sin alcanzar el límite máximo pero no de los demás, ya que al superar el límite consiguen la gratuidad. Al bajar el importe unitario del copago suprimiendo el copago por visita, hay más personas que pueden esperar no superar ese límite y llegar a la gratuidad. De ahí que incluso es posible que el cambio incentive a más personas a moderar su uso sanitario.
Segundo, oposición y gobierno se muestran contrarios a la tasa autonómica de un euro por receta de Catalunya y Madrid, con la oposición incitando a acudir al Tribunal Constitucional. Parece implícito en el ataque, más político que jurídico, que a casi todo el espectro político ya le parece bien el copago estatal. Una simple comparación de la lógica del copago estatal y a tasa autonómica no resiste el filtro de la evidencia. La tasa es de importe muy reducido, exime a los más pobres y pone un límite anual muy moderado y bastante sencillo de gestionar. El copago estatal exime a los más pobres pero trata muy mal a los activos con poca renta: en lugar de hacerles pagar el 10% del precio con un máximo de 8 y 18 euros mensuales, les hace pagar el 40% del precio sin límite alguno. Para los activos rige la norma del 5/50: un 5% de ellos acumula el 50% de todo el copago, por lo que si están muy enfermos pueden llegar a pagar una cifra elevada que les dificulte el acceso al tratamiento. Uno puede quedarse tranquilo pensando que se paga según renta, pero no es así. Por un lado, lo que depende de la renta es el porcentaje del precio pagado por un activo – entre el 40 y el 60%- pero no el importe total pagado que es lo importante. Por otro lado, a igualdad de renta un activo no recibe el mismo trato que un pensionista.
Ciertamente la tasa autonómica deja de ser un ticket moderador para ser más bien un copago recaudatorio en el momento en el que se solapa con el nuevo copago estatal. Esto no quiere decir que el copago estatal sea más eficiente ni más justo. Desde el punto de vista económico, parece lógico que quien gestiona la sanidad pública –las autonomías- tenga capacidad de utilizar las tasas o precios públicos como un instrumento de gestión. Abunda en ello el hecho de que se trata de un instrumento de financiación adicional con corresponsabilidad, transparente y muy visible para el usuario, y de que puede ser menos regresivo – al menos con el diseño actual- que el llamado céntimo sanitario aplicado por varias Comunidades en este momento. Ni es repago cuando la caída de la recaudación impositiva pone en riesgo servicios públicos básicos, ni es lo que impide la igualdad sanitaria de los españoles. La falta de igualdad se puede buscar más bien en la atención inefectiva e inapropiada, la escasa priorización de listas de espera o la capacidad financiera del sistema foral respecto del régimen común que en sanidad puede suponer una diferencia de una tercera parte.
Y, tercero, es cierto que en los primeros meses de aplicación de las medidas de reforma de la prestación farmacéutica se ha reducido, por primera vez en muchos años, el número de recetas. Es temprano aún para sacar lecciones sobre el verdadero impacto de las medidas, ha habido efecto anticipación y además el efecto inicial puede ser más elevado que a medio plazo. El efecto de la supresión de la gratuidad, a pesar de todo, puede suponer una reducción de una sola vez del número de recetas entre el 10 y el 15%. Ahora bien, sorprende la complacencia en la observación de esta reducción del gasto. Primero, Catalunya sólo aplicó la tasa autonómica en septiembre y consiguió la misma reducción en las recetas que el resto del Estado con el nuevo copago estatal. Esto requiere análisis, pero apunta en la línea de que hay una discontinuidad en el efecto del copago: quizás es el primer euro que se paga el que realmente importa a los pacientes. Si fuera así, los elevados porcentajes de copago sin límite para los activos estarían haciendo más bien que mal. Y, segundo, nada se puede decir sobre la bondad de los cambios sin conocer qué tipo de pacientes han reducido el consumo, si la reducción es temporal o no, y qué tipo de medicamentos son los más afectados. Sabido es que si los pacientes crónicos reducen la adherencia al tratamiento el coste sanitario puede aumentar en lugar de reducirse.   

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿ESTAMOS PREPARADOS PARA LA EVALUACIÓN ECONÓMICA DE MEDICAMENTOS?

(Texto de próxima publicación en Anuario de la Comunidad de la Sanidad y el Medicamento 2013)


En Europa hay al menos cuatro grandes países clave para sacar lecciones útiles para España sobre la organización y funcionamiento de las agencias de evaluación de tecnologías y medicamentos sanitarios con relación a las decisiones de precio y reembolso de medicamentos: Alemania, Francia, Inglaterra y Suecia. Es una lástima el escaso progreso real en España en el uso de la evaluación en la toma de decisiones a pesar de haber tenido una de las primeras agencias de evaluación en Europa en los años ochenta (la de Catalunya) y a pesar del elevado número de agencias (entre estatales y autonómicas) y del elevado número de informes que emiten estas agencias.
A pesar de que una política de decisiones de precio y reembolso no haya avanzado en España hasta la fecha –noviembre 2012-, la experiencia en el requerimiento de evidencia sobre la relación coste-efectividad a nivel internacional tiene ya 20 años. En la actualidad casi la mitad de los países de la Unión Europea requieren, bajo formas distintas, los resultados de una evaluación económica para financiar y/o poner precio a las innovaciones. En otros países, sin embargo, este interés por la evaluación ha sido más formal o estético que real, y entre ellos no se puede excluir el sistema de salud español.
La introducción de la evaluación económica de medicamentos en la práctica de las decisiones europeas de reembolso o financiación ha supuesto cambios importantes que afectan la organización del sistema de salud, el propio procedimiento para conseguir el reembolso, las decisiones de reembolso y la asignación de recursos que resulta de estas decisiones. De la observación de lo sucedido en estas dos últimas décadas en países como los cuatro citado al principio, creo que se pueden identificar ocho dimensiones básicas sobre las que definir la manera como cada sistema de salud quiere adoptar las imprescindibles decisiones de financiación selectiva de medicamentos.  
1. La organización.- La función de una agencia evaluadora puede ser reguladora -autoridad decisora- o limitarse a una función asesora -hacer recomendaciones-. Las decisiones a adoptar sobre la base de los resultados de la evaluación pueden ser las de cobertura o reembolso, o también las de precios. En Inglaterra y Suecia, las agencias hacen a la vez la evaluación y la valoración de la misma de forma que tienen autoridad reguladora para tomar decisiones. En Alemania y Francia tienen un papel asesor sobre la cobertura. En general, tienen más influencia en la toma de decisiones y la práctica clínica si la agencia tiene un papel regulador.
2.  Los objetivos.- La mayoría de agencias tienden a no tener sólo como objetivo la evaluación de la mejora en la efectividad sino también la eficiencia, usando la relación coste-efectividad de forma explícita. Tanto las reformas recientes en Francia como en Alemania tienden  a introducir también la relación coste-efectividad en la decisión o negociación del precio de los nuevos medicamentos.
3.- El ámbito de aplicación.- Al principio las grandes agencias europeas se limitaban sólo a los medicamentos nuevos. En los últimos años es común expandir la evaluación a tecnologías y a casi cualquier intervención sanitaria.
4. Los procedimientos.- Hay varias características que distinguen y diferencian los procedimientos de evaluación que se emplean en cada país. Una es el grado de independencia de la agencia evaluadora; en la mayoría, existe un cierto grado de independencia del gobierno y protección frente a los conflictos de interés. La agencia inglesa es quizás la más transparente: pone casi todos los documentos empleados en el procedimiento a disposición pública. La agencia sueca publica la información aportada por la industria y no publicada. Los plazos del procedimiento de evaluación deben ser explícitos y deben cumplirse. Hay que dar la posibilidad de que los afectados intervengan en el proceso, y deben existir además reglas explícitas de apelación como en Inglaterra y Suecia.
5. La participación.- La participación de la industria, los profesionales y los pacientes puede ser un instrumento para mejorar la aceptabilidad, transparencia y legitimidad de las decisiones basadas en los resultados de la evaluación.
6. Los métodos de evaluación.- La evaluación debe incluir siempre la efectividad clínica (incremental o comparada) y el análisis coste-efectividad incremental. El papel de los años de vida ajustados por calidad (AVAC) es determinante en Inglaterra y Suecia, pero menos importante en el proceso empleado en Alemania (frontera de eficiencia) y poco empleado en Francia.
7. Los criterios de decisión.- Las principales agencias europeas priorizan según beneficio clínico, pero por ahora sólo la inglesa y la sueca lo hacen también según la relación coste-efectividad de manera explícita. En este punto se sitúa el debate sobre el uso de umbrales explícitos o implícitos de disposición máxima a pagar por un AVAC y su adaptación para ciertos tratamientos, como es el caso de las terapias oncológicas.
8. La implementación.- Aunque inicialmente fuera del ámbito de interés de las agencias de evaluación, la forma como se llevan a la práctica sus decisiones no puede quedar al margen de las agencias. En Inglaterra y en Suecia se adoptan incentivos financieros y no financieros para favorecer la adopción de las decisiones en la práctica clínica.
Si realmente se desea emprender un camino más racional para que la financiación se base en la efectividad comparada y la relación coste-efectividad, conviene, a la luz de la experiencia europea, no encallarse en el “quién” debe evaluar sino centrarse en el “qué”, “cuando” y “cómo” evaluar. Lo que ocurra en España en el futuro próximo, más allá de las palabras y de la normativa, dependerá de la opción que se tome ante las alternativas conocidas para cada una de las anteriores dimensiones.

domingo, 28 de octubre de 2012

SUS PRESCRIPCIONES SUENAN A ALDABONAZOS


Este título es lo que dice de mis opiniones hoy la periodista Eleva Sevillano en El País. A aldabonazos dice la periodista en El País de hoy (Extra SANIDAD), 28 de octubre, que suenan algunas de mis propuestas para la sanidad pública española. Resulta fácil apuntarse al carro, tan ideológico como estéril, de los predicadores de la segmentación de la sanidad –al puro estilo de predecir una sanidad para ricos y otra para pobres, con la excusa de que la sanidad es un negocio- sin aportar otra propuesta que más de lo mismo y mantener el status quo de quienes hoy perciben rentas de este servicio público. Más bien creo que el problema va en sentido contrario: no hay peor defensa de la sanidad pública que la que hacen aquellos que quieren mantener una situación que no sólo hace tiempo que es claramente insostenible sino que hoy ya es insolvente. Flaco favor hacen a la sanidad pública sus hooligans, no hay mejor garantía de fractura del servicio público que más valoramos los ciudadanos y contribuyentes que negar la necesidad de hacer cambios que nos ayuden no a tener más sanidad, sino más salud, y a tener una sanidad pública al servicio de los pacientes y no de los empleados y proveedores.
Este es el texto de las respuestas que dí a Miguel Angel García y Elena Sevilla, los dos periodistas de El País que han escrito hoy en el Estra Sanidad.

-¿Realmente hay margen para meter tijera al gasto sanitario sin que afecte, o sin que afecte demasiado, a los beneficiarios, o eso es buscar la cuadratura del círculo?
El margen es cada vez más corto, al menos a corto plazo. Menos de lo mismo -menos salarios y menos precios- no lleva a ninguna parte y se agota. Ahora toca reforma inteligente: dejar de gastar en tratamientos y procedimientos de escaso valor para la salud según criterios clínicos y científicos y pagar de forma selectiva por las innovaciones con un menor coste por año de vida ganado ajustado por calidad de vida.

-¿Cuáles serían sus principales recetas para ahorrar, dichas a modo de titulares?
Desfuncionarizar los profesionales sanitarios y convertir en emprendedores a los que trabajan en la atención primaria. Pagar por tener sanos y controlados a los pacientes con problemas de salud crónicos y no como ahora que se acaba pagando por ir más al médico o al hospital. Dejar de pagar fortunas por cualquier novedad sin tener en cuenta la aportación terapéutica. Abandonar la mentalidad de silo: lo que importa es lo que cuesta atender bien a un paciente, no si se gasta más o menos en medicamentos, compresas o horas de enfermera.

-Por qué agujeros pierde dinero, innecesaria y absurdamente, la Sanidad española. Y cómo parchearía usted esos pinchazos. Si tuviera la posibilidad no ya de parchear sino de cambiar íntegro el neumático, ¿qué errores, vicios, inercias evitaría a toda costa?     ¿Cómo sería su neumático?
Publicar una lista con criterios clínicos y científicos de lo que no hay que hacer, como ha hecho el NICE inglés o algunas asociaciones profesionales en US. Preocuparse por el paciente crónico que no acude a la consulta y que no cumple con el tratamiento, en lugar de verlo sólo cuando ha empeorado y acude a urgencias o ingresa en el hospital. Penalizar la no presentación a una consulta programada. Establecer criterios racionales y transparentes de priorización de las listas de espera. Acabar de poner orden en el diseño del copago farmacéutico (acabar con la distinción entre activos y pensionistas).

-Usted defiende un copago en función de la renta, gratuidad para los más pobres, independientemente de que sean pensionistas o no. ¿Qué vendría a resolver esta medida?
El copago debe tener un papel limitado en el SNS. Mejor si es un copago evitable y basado en criterios de efectividad, que si es obligatorio. Si es obligatorio, como ahora, que sea de importe reducido para todos, que se acumule la cifra total que paga un paciente por cualquier tipo de copago y que se ponga un límite máximo como un importe dado (Suecia) o un porcentaje de la renta (Alemania). Copago bajo o nulo para crónicos, es más barato pagarles para que se tomen los medicamentos que pagar el coste del incumplimiento terapéutico. Lo mejor: copagos evitables en los que el tratamiento más efectivo es gratis o casi gratis, y el paciente paga la diferencia hasta el precio de otros tratamientos más caros pero que aportan escaso valor para la salud; así se hace en muchos países europeos; en Francia, el copago depende del grado de necesidad y de la eficacia del tratamiento, cuanto más necesario y eficaz menor es el copago. No hay que olvidar que el copago disciplina no sólo al paciente sino también al médico, y eso no es un problema sino una ventaja ya que ayuda a un uso más racional de los recursos.

-¿Le parece que la gestión privada de los hospitales públicos es más eficiente y ayuda al ahorro?
La gestión privada de centros por sí sólo no es solución a nada. Es una ayuda si se saben diseñar bien los incentivos de los contratos y el sistema de control: contratos capitativos para una población determinada con controles sobre la calidad de la atención y el estado de salud, eso es mejor que pagar por ser (instalaciones) o por hacer más actos médicos. Un problema muy propio de la gestión privada con dinero público en nuestro país: poca o escasa transparencia en la información sobre los resultados de la atención en los diferentes centros sanitarios: necesidad de evaluar los experimentos de colaboración público-privado; a día de hoy no hay evaluaciones independientes y despolitizadas de estas colaboraciones.

- ¿El creciente aumento de los hospitales privados o semipúblicos que vemos en Cataluña, Madrid o Valencia, por ejemplo, se está haciendo a costa de detraer recursos de la sanidad pública?
Desde 2003 el gasto sanitario público por persona, descontando la inflación, ha crecido en más de un tercio mientras que nuestra renta estaba casi estancada. Esta situación no era entonces sostenible, y lo es menos ahora. Hemos actuado como si no hubiera coste de oportunidad: la profusión de hospitales pequeños de ámbito comarcal no sólo es demasiado costosa sino que es inapropiada en muchos casos desde el punto de vista sanitario; los resultados en salud son peores cuando se hacen menos intervenciones del mismo tipo. Este no es el único problema, en estos diez años no sólo ha aumentado el salario medio de los empleados en la sanidad pública sino que han aumentado de forma muy notable las plantillas sin que ello se traduzca, en muchos casos, en mejoras en el resultado ni en la calidad de la atención. 

- A su juicio, a corto plazo, ¿cuál será la radiografía, la fotografía básica, de la sanidad española? ¿Cuáles serán esas características o señas de identidad más relevantes tras los recortes?
Los recortes que se están haciendo a golpe de Real Decreto ley son poco útiles para la sanidad pública y además esta austeridad puede resultar poco saludable. Hacer menos de lo mismo -menos salarios y menos precios de los medicamentos- no sirve para hacer mejor las cosas, más bien lo contrario. Es urgente tomar medidas de gestión sanitaria más fina e inteligente: primero, revisar la cartera de prestaciones y adoptar innovaciones siempre que pasen demuestren una aportación terapéutica significativa respecto de lo que ya existe; y segundo, financiar las innovaciones sólo cuando el coste por año de vida ganado ajustado por calidad sea razonable; no tiene sentido pagar todo a cualquier precio, cosa que hace años no hacen ni Reino Unido, ni Alemania, ni Francia, por poner ejemplos cercanos. 

sábado, 27 de octubre de 2012

¿SON DIFERENTES LAS TERAPIAS ONCOLÓGICAS?


Varios artículos muy interesantes (Chalkidou, Sorenson, Normand, y otros autores) sobre economía de los tratamientos en la etapa final de la vida en:
HEALTH ECONOMICS, POLICY AND LAW, Vol 7(4), 2012


ENTREVISTA PARA CINCO DÍAS

¿Debe aplicarse un análisis coste-beneficio en tratamientos oncológicos? ¿Por qué?
Para garantizar la solvencia del Sistema Nacional de Salud hay una condición necesaria que supone cambiar lo que hemos hecho hasta ahora: la financiación pública debe centrarse en los tratamientos e intervenciones con más valor en términos de salud –no todo lo nuevo es innovador- y desinvertir en los tratamientos  de nula o dudosa efectividad. Esto es lo que hace tiempo que hacen los compradores inteligentes de salud para los ciudadanos en Europa y en todo el mundo. Los tratamientos no pueden ser una excepción, no precisamente por el elevado coste de los mismos, sino porque la gravedad de la enfermedad y el hecho de que, lamentablemente, en muchos casos sean tratamientos para la etapa final de la vida no puede servir de excusa para salirnos de la regla del comprador eficiente: pagar por lo que ha demostrado aportación terapéutica, mejor supervivencia y/o calidad de vida. El coste de no hacerlo así se mide en los años de vida de otros pacientes que no serán atendidos con un tratamiento efectivo.

¿Se aplican ya estos criterios en algunos hospitales?
La mayoría de hospitales tratan de seleccionar aquellos tratamientos más efectivos para una misma indicación dentro del amplio y costoso arsenal terapéutico de las terapias oncológicas. Los criterios de decisión a nivel autonómico y a nivel de cada hospital son a días de hoy variados, pero representan un esfuerzo por hacer sostenible la atención sanitaria pública. Ahora bien, dada la lamentable inexistencia de un marco bien establecido de evaluación de la eficacia incremental de los nuevos tratamientos y de la elevada incertidumbre sobre los resultados de muchas terapias nuevas, el riesgo en la situación actual es que tienda a predominar más la necesaria preocupación por el impacto presupuestario que la evidencia sobre la efectividad del tratamiento.

¿Cuál debiera ser el criterio para aplicarlo?
Todos los tratamientos, sean o no oncológicos, para ser financiados con dinero público deberían someterse primero a la prueba de la eficacia incremental, o sea, demostrar cuál es la aportación o valor terapéutico añadido del nuevo tratamiento respecto de los que ya existen para la misma indicación. Las terapias oncológicas no pueden ser ninguna excepción: las pruebas de los ensayos clínicos sobre la mejora en supervivencia y en calidad de vida –ausente todavía en muchos ensayos clínicos- es el único camino para saber si lo que compramos –años de vida ajustados por calidad- tiene algún valor. Si hay una aportación terapéutica significativa, entonces hay que ver si el coste de esa mejora en salud es o no razonable a la vista de la capacidad de pagar que tiene hoy nuestra sanidad pública. La negociación de precios y los contratos de riesgo compartido empleados en otros países son el camino para ajustar la relación coste/efectividad a niveles razonables para nuestro bolsillo.

¿Hay ejemplos en otros países? ¿Cómo se toman las decisiones sobre el coste-beneficio en otros países?
La toma de decisiones de financiación pública, de cobertura –cuanto paga el seguro público y cuanto es cargo del paciente- y de precios basadas en la evidencia aportada por los ensayos clínicos y los estudios coste-efectividad es una práctica común desde hace casi veinte años en muchos países de nuestro entorno. Para poner cuatro ejemplos destacados en Europa: Inglaterra, Alemania, Suecia y Francia toman estas decisiones de forma transparente y con criterios de decisión basados en la evidencia científica. Las terapias oncológicas que más salud aportan se financian con precios que suponen un coste por año de vida ajustado por calidad considerado como razonable en cada país, y algunas otras terapias de dudosa aportación o que no la han demostrado adecuadamente, no son financiadas con dinero público.

¿Es necesaria una agencia tipo Nice inglesa? ¿Por qué? ¿Para qué tipo de pacientes?
A pesar de llegar tarde, es importante no cometer de nuevo el error muy propio de este país de anteponer el continente –la creación de una agencia- al contenido –definir los criterios de decisión para la financiación pública y precio de las nuevas terapias-. Aquello que es fundamental es pasar de las palabras –incluso de las ya escritas desde hace tiempo en el BOE- a los hechos, a la toma de decisiones: si queremos pasar de la situación actual en la que se financia todo con decisiones sobre cobertura y precios poco transparentes y escasamente basadas en el conocimiento científico, los políticos deben definir con qué criterios se quieren tomar las decisiones -¿sólo efectividad comparada? ¿coste por año de vida ajustado por calidad?-, indicar a la industria la forma de presentar los estudios de coste/efectividad, decidir cuando se aplican estos criterios –sólo los medicamentos nuevos o todos, también a las tecnologías médicas, etc-… Definido el objetivo y funciones a desempeñar, vamos a ver después el tipo de agencia que necesitamos, si debe ser real o virtual, si debe apoyarse en los informes de otras agencias de reconocido prestigio, etc.

Actualmente, ¿los hospitales pagan por tratamientos ineficaces y costosos?
La aportación terapéutica de las nuevas terapias oncológicas es muy variado: va desde una notable incertidumbre que no permite discernir si aporta algo o nada respecto de los tratamientos ya existentes, a aumentos sustantivo en supervivencia y calidad de vida, pasando en muchos casos por situaciones en las que la mejora en supervivencia es dudosa y de la calidad de vida de esa pequeña supervivencia no se sabe nada o se sabe que es muy mala. Lo que es común a todas las nuevas terapias son unos precios extraordinariamente elevados. Dicho de otro forma, estamos pagando tanto por tratamiento con un coste por año de vida ganado ajustado por calidad muy razonable y deseable a cifras desorbitadas que otros países, apoyadas en sus agencias de evaluación, han decidido que no se deben financiar con dinero público. En Inglaterra, el NICE ha flexibilizado el umbral de coste máximo por año de vida ajustado por calidad en el caso de las terapias oncológicas, sin embargo, aún así no ha recomendado al sistema de salud británico pagar con dinero público tratamientos que en nuestro país se están financiando.

¿Cómo ha afectado la crisis a la toma de decisiones del coste-beneficio? ¿Se mira más? ¿Se dejan pacientes fuera del tratamiento que antes se trataban?
La necesidad de poner en relación el mayor coste con la mejora de efectividad no es algo que sea necesario ahora porque han caído los ingresos públicos y el presupuesto sanitario decrece. Se trata de un instrumento para mejorar la eficiencia –gastar mejor- pero que sirve poco para recortar o reducir el gasto. Los recortes sanitarios aplicados hasta ahora suponen hacer menos de lo mismo, lo cual no es mejor: seguimos pagando o no pagando sin saber cuánto ganamos o perdemos en salud. En general, las terapias oncológicas todavía tienen una cierta prioridad en la asignación de recursos en nuestros centros, de todas formas, desconocemos a día de hoy como los recortes están afectando a estos tratamientos en la práctica real.

La medicina personalizada, ¿cuánto encarecerá este tipo de tratamientos?
La medicina personalizada, desde el punto de vista de la práctica clínica, es hoy más una promesa que una realidad: la evidencia sobre efectividad y la capacidad de mejorar no sólo el diagnóstico sino el tratamiento dista en muchos casos de ser demostrada. Con algunas dificultades añadidas, la medicina personalizada debe someterse igualmente a las reglas de demostrar mayor eficacia y una buena relación entre el coste y la efectividad, de otro modo estaremos sometidos a un encarecimiento de los tratamientos –de difícil encaje en las cuentas públicas- sin saber si compramos más salud o calidad de vida, o si sólo compramos humo. 

L'HORA DE LES FARMÀCIES

Article publicat a EL PERIÓDICO, 26 octubre 2012

Link al artículo en español
Link a entrevista en 8 TV



L’escanyament de recursos per a la sanitat està contribuint a posar allò que els implicats perceben com a més urgent, cadascú com és lògic mirant cap a casa seva,  per davant del que podria ser el més necessari per a posar ordre en la sanitat pública. El més que insòlit tancament patronal d’una part important de les farmàcies catalanes no deixa de ser un episodi més en aquest camí quan, tot i no ser els més afectats, es preveuen dificultats de tresoreria a la Generalitat que no s’esvairan amb facilitat. De fet, gairebé cap proveïdor públic, més enllà dels empleats, cobren factures amb tanta celeritat com les farmàcies catalanes. Només cal recordar que la majoria de laboratoris tenen pendent de percebre els medicaments que subministren als hospitals públics de tot  aquest any. Ara bé, si l’escenari és complicat, cal fer-lo previsible i així facilitar que les farmàcies facin canvis i s’adaptin, com estem fent tots, a un escenari que no té res a veure amb el de fa cinc anys.
El congost financer de la sanitat pública té una doble vessant. Una que té a veure amb la pròpia sanitat: l’envelliment progressiu i la pressió per no renunciar a la innovació, sia en medicaments, en tecnologia o en tècniques quirúrgiques, fa que sigui difícil reduir despesa sense fer mal. L’altra és més política: el repartiment per part de l’Estat de la capacitat de fer dèficit, clarament desfavorable al pes que tenen les comunitats dins de la despesa pública total, obligar a una compressió de la sanitat que no es correspon amb el fet de ser el servei que més justifica els impostos que paguem. El cas és que la capacitat financera dels recursos destinats a la sanitat pública catalana el 2012 suposa, si es compleix el pressupost, un retrocés que ens retorna al nivell de fa 8 o 10 anys si tenim en compte la inflació, l’envelliment i la capacitat d’adoptar innovacions de valor per a la salut. En canvi, atesa la capacitat fiscal dels catalans, podríem gastar una tercera part més – 400 euros per cap- del que gastem ara.
El model de negoci de les farmàcies ha d’evolucionar i canviar no només per a sobreviure a les incerteses en el cobrament de la factura pública sinó perquè la situació del mercat farmacèutic avui és força diferent al de fa deu anys: cada vegada hi ha menys principis actius nous i d’elevat preu a les farmàcies; la major part de medicaments nous i més cars ja no es dispensen des de la farmàcia sinó des de l’hospital; la competència dels genèrics ha reduït molt el preu, la gratuïtat generalitzada per a la major part del consum ha desaparegut per a no tornar mai més i el nombre de receptes cau en picat per primera vegada; el sector públic ha de garantir l’accés del pacient a les farmàcies però potser això vol dir que no totes les farmàcies podran ser viables –sobretot en comunitats que han afavorit l’excés de farmàcies-; hi haurà un major paper de la competència en les vendes sense recepta i en la para-farmàcia; de pagar un marge comercial com a botiguer s’ha de veure si té sentit passar a pagar per prestar un servei de salut; etc.