martes, 11 de diciembre de 2012

EL EURO SANITARIO ALEMÁN

Artículo publicado en El País, 11 de diciembre de 2012


A diferencia de España, el copago sanitario alemán depende realmente de la renta y tiene un saludable tramo evitable. Un copago de 10 euros por la primera visita trimestral fue introducido en 2004 habiendo demostrado ya hace tiempo que no era útil para reducir el número de visitas, entre otras cosas porque ya se habían reducido previamente un 15% en 1997 al hacer pagar el 10% del precio de los medicamentos. Los alemanes también pagan 10 euros por las urgencias y por día de hospitalización, todo esto además de pagar la diferencia si el precio del medicamento supera un cierto nivel de referencia. 
Un punto interesante del sistema alemán es que, además de eximir a pobres y menores de 18 años, cualquier copago que un paciente soporta se acumula y tiene un límite del 2% de su renta (o del 1% si tiene enfermedades crónicas). Esta combinación podría incluso dar un resultado inesperado a causa de la supresión, con tintes electoralistas, del copago de las visitas. El copago modera el uso sanitario de los que esperan gastar poco sin alcanzar el límite máximo pero no de los demás, ya que al superar el límite consiguen la gratuidad. Al bajar el importe unitario del copago suprimiendo el copago por visita, hay más personas que pueden esperar no superar ese límite y llegar a la gratuidad. De ahí que, aunque se levanta la barrera poco deseable de acceso libre al especialista, incluso es posible que el cambio incentive a más personas a moderar su uso sanitario.
El copago español limita la gratuidad a los más pobres, pero ni depende realmente de la renta ni tiene ningún tramo evitable. Trata mal a los activos con poca renta: les hace pagar un elevado porcentaje del precio sin límite alguno. Un 5% de activos acumula el 50% de todo el copago, por lo que si están muy enfermos pueden llegar a pagar una cifra elevada que dificulta el acceso a las personas con pocos recursos. La posible ampliación del copago a algunos medicamentos hospitalarios o, en el futuro, a otros servicios pondrá aún más de relieve este despropósito. Lo que debería depender de la renta es el importe total pagado por el paciente, y no el porcentaje del precio pagado por un activo entre el 40% y el 60%.
A los pensionistas de muchas comunidades se les hace pagar aun cuando han superado el límite mensual de 8 a 18 euros prometiendo costosas y bochornosas devoluciones. El gasto acumulado puede ser muy elevado para los más enfermos que pagan por encima del límite, de forma que se puede estar reduciendo la adherencia a tratamientos necesarios y efectivos.
Antes de continuar arrojando dardos electoralistas contra el euro por receta de Madrid y Cataluña, de bajo importe y con máximo anual, convendría reconocer que el elevado copago estatal debiera establecer límites máximos para todos, además de abrir espacio a copagos evitables garantizando siempre el acceso al tratamiento efectivo con mejor relación entre el coste y la efectividad.


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